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  Aureliano Naranjo Ciudad.

 


      22 de Abril de 2006

PREG�N DE FIESTAS DE SAN JORGE 2006.

Ante todo quiero saludar a las Autoridades, a los miembros de la Hermandad de S. Jorge y a vosotros, p�blico asistente. Os saludo y os expreso mi agradecimiento por concederme la oportunidad de pronunciar este preg�n de fiestas dirigido a mis paisanos lo cual es, para m�, un honor.

Otros me han precedido en lo que ya es una tradici�n, tradici�n que os ruego manteng�is porque con ella tambi�n confirmamos nuestra devoci�n al Santo Patrono.

En mi caso, no pretendo que mi intervenci�n suponga ensalzar la figura de S. Jorge, ni dar brillantez a sus fiestas. La brillantez la dais vosotros celebr�ndolas y la figura de S. Jorge, como veremos, no necesita ser ensalzada. Pero lo que s� pretendo es aportar algunos datos que expliquen ciertas controversias que han surgido en torno a la figura del Santo.

La figura de S. Jorge, su nombre, la devoci�n que se le profesa, su representaci�n y su influencia en el arte y en la literatura, est�n extraordinariamente extendidos, hasta el punto de ser el santo cuyo conocimiento y patronazgo est�n m�s difundidos por toda la Cristiandad.

Muchas fiestas, religiosas, deportivas, civiles o de diverso tipo, son las que celebramos en el llamado mundo Occidental y, especialmente, entre los que nos movemos en torno al Mar Mediterr�neo. Muchas de ellas, la mayor�a, nos han llegado de la cultura cl�sica greco-romana, bien directamente o a trav�s de las culturas judeo-cristiana o ar�bigo-musulmana. Ya los griegos de la Antig�edad ten�an sus dioses patronos, sus h�roes protectores, sus diosas v�rgenes en cada ciudad (As�, por ejemplo, Atenas debe su nombre a la diosa Atenea, su patrona, que dio a los atenienses el olivo). Y celebraban fiestas en su honor, con sacrificios, ofrendas en los templos, procesiones y banquetes comunitarios en agradecimiento por la protecci�n y los favores recibidos.

Pues bien , de una tierra profundamente influida por la cultura griega y romana nos lleg� a nosotros la figura de S. Jorge que lleg� a ser h�roe protector en Palestina en donde, en un principio, se extendi� su nombre y su devoci�n. �sta alcanz� despu�s el norte de �frica y pronto a toda Europa, desde Rusia a Portugal, y, tras el descubrimiento de los nuevos mundos, tambi�n lleg� a Am�rica y a las colonias portuguesas e hispanas de �frica y el Extremo Oriente. De modo que la devoci�n a S. Jorge es la m�s extendida de entre todos los santos.

Y sin embargo su santidad ha sido cuestionada en tiempos recientes a pesar de que, adem�s de la extensi�n de su devoci�n y conocimiento, fue canonizado por la Iglesia en tiempos relativamente cercanos a aquellos en que vivi� y de que son abundant�simos y detallados los datos biogr�ficos que nos han llegado de �l.

Los argumentos que se aportan para cuestionar la santidad de S. Jorge son:

Por un lado, el que la d�cima persecuci�n de los cristianos, decretada por el emperador de Roma Diocleciano en el a�o 303 d. de C., y en la que tuvo ocasi�n el martirio de S. Jorge, ocasion� la redacci�n de muchas actas de m�rtires por ser �sta la m�s intensa y extensa de todas y la que m�s m�rtires produjo. ( M�s de 17.000 en un mes en la zona donde se desenvolv�a el santo). De muchos de ellos no se lleg� a saber nada m�s que el nombre desconoci�ndose si ten�an alg�n otro m�rito que el de negarse a realizar sacrificios en honor de los dioses paganos y el no renegar de Cristo.

Esta circunstancia llev� al papa Gelasio I, papa entre los a�os 492 y 496, a incluir en el decreto de canonizaci�n de S. Jorge, en el a�o 494, una precisi�n que indicaba que se canonizaba a S. Jorge " junto con aquellos cuyos nombres son justamente reverenciados, pero cuyos actos s�lo son conocidos por Dios". Esta circunstancia ha hecho sospechar que se debieron incluir nombres sin verdaderas pruebas de santidad.

Sin embargo, hay que decir que Jorge no era un desconocido ni mientras vivi� ni tampoco posteriormente. Ocup� un cargo militar y no de escasa importancia, el de tribuno;y contribu�a a la dominaci�n de Palestina por parte del Imperio romano.

Por otro lado, otro argumento es el que se basa en un comentario que aparece en un documento denominado Acta sanctorum ( Hechos de los santos) y que califica de " extravagancias y maravillas m�s all� de cualquier credibilidad" los hechos maravillosos atribuidos a S. Jorge, como, por ejemplo, la fulminaci�n de un templo pagano con sus im�genes y sacerdotes, siendo todos engullidos posteriormente por una grieta abierta en la tierra.

Pero los milagros son todos maravillosos, m�s all� de toda credibilidad, y han sido admitidos por la Iglesia en gran cantidad con respecto a otros santos, la Virgen y Cristo.

Contribuy� a cuestionar la santidad de S. Jorge, sobre todo, esta otra maravilla, la del drag�n. Y no por sorprendente, pues no es tan inveros�mil que un guerrero domine a un drag�n, ( sobre todo si se tiene en cuenta que , en lat�n, draco no siempre tiene el sentido de
" animal fant�stico" para lo que ya hab�a otros nombres como quimera, esfinge, harp�a, sirena o gorgona), sino por su gran parecido con un relato de la Mitolog�a griega, considerada por la cristiandad creencia pagana y fant�stica, desacreditada del todo durante la Edad Media. Este relato mitol�gico es el de Perseo, h�roe griego destructor de la gorgona Medusa y liberador de Andr�meda, princesa expuesta a las garras y fauces de un drag�n que sal�a de las aguas. Andr�meda tambi�n era hija de los reyes del lugar y este mito pasa por ser modelo de relatos fant�sticos, hasta el punto de que, en castellano, ha dejado el vocablo " endr�minas" o " andr�minas", por deformaci�n de "andr�medas", como sin�nima de " fantas�as", "cuentos". La consideraci�n de irrealidad y fantas�a para este mito contamin� la haza�a del sometimiento del drag�n por parte de nuestro santo, de modo que sirvi� m�s de desprestigio que de aut�ntico m�rito.

En fin, que la generalizaci�n e indiscriminaci�n de canonizaciones, la desconfianza expresada en el Acta sanctorum con respecto a los hechos de S. Jorge por maravillosos y por su parecido con los fant�sticos y desprestigiados mitos griegos, llevaron a cuestionar la santidad de nuestro patrono. Y as�, en 1969, el papa Pablo VI admiti� que se pudiera eliminar , opcionalmente, la celebraci�n de la festividad de S. Jorge por parte de aquellos que lo consideraran conveniente, al no estar convencidos de la autenticidad de los hechos atribuidos a �ste.

No obstante, sus datos biogr�ficos y sus acciones aparecen descritos con gran profusi�n y detalle, como en pocos santos.

Su nombre original es Georgios, palabra que en griego, de donde procede el nombre, significa " agricultor", etimol�gicamente " el que trabaja la tierra". Nace en Capadocia, hoy en la actual Turqu�a. Sus padres se llamaron Geroncio ( labrador que tambi�n desempe�� un cargo militar y con una posici�n econ�mica desahogada) y Policromia.

Su actividad fue la de militar, como su padre, llegando al puesto de tribuno que era un cargo importante. T�ngase en cuenta que en cada legi�n del ej�rcito romano hab�a seis tribunos y que cada legi�n ten�a al menos seis mil soldados de infanter�a. Hab�a formado parte de la guardia personal del emperador Diocleciano que se encargaba del gobierno de la parte oriental del Imperio romano.

Es hist�rico que Diocleciano decret� la persecuci�n de los cristianos en el a�o 303 y que fue ejecutada por su c�sar Galerio siendo el gobernador romano en Palestina ( donde ocurrieron los hechos ) en esa �poca Daciano.

De los hechos de S. Jorge dan noticia abundante y detallada textos que la Iglesia considera ap�crifos, es decir, no oficiales por no ser
posible probar su autenticidad hist�rica. �stos nos relatan que:

- Unos 17.000 cristianos fueron martirizados por no realizar sacri-
ficios a los dioses paganos en el tiempo aproximado de un mes. Mu-
chos de los atormentados apostataron.

- Jorge, como tribunus militum, al frente de sus soldados participaba en la persecuci�n, pero horrorizado y afligido por las crueldades que se comet�an, abandon� el cargo y renunci� a su posici�n, vendi� sus bienes, distribuy� las ganancias obtenidas entre los necesitados y predic� que el �nico y verdadero Dios era el creador del cielo y la tierra y que los dioses paganos no eran aut�nticos dioses.

- Por esto fue llamado por el gobernador y, enterado �ste de qui�n era, le pidi� que desistiera de su postura. Como Jorge no accedi�, orden� torturarlo. Torturado durante el d�a, fue consolado durante la noche por el Se�or que se le apareci�. As� que el gobernador Daciano no consigui� su objetivo. Muy interesado en conseguir que Jorge, personaje influyente por su cargo, realizara sacrificios a los dioses paganos ante el pueblo, le ofreci� el perd�n y le hizo promesas lisonjeras. Jorge aparent� disponerse a realizar los sacrificios exigidos y Daciano convoc� al pueblo ante el templo para que contemplara al tribuno realizando los sacrificios a los dioses. Acudi� Jorge ante el pueblo, se arrodill� y pidi� al Se�or que destruyera aquel templo y las im�genes paganas que albergaba para que el pueblo se convirtiera a la verdadera fe.

Descendi� del cielo una r�faga de fuego que redujo a cenizas el templo, las im�genes y a los sacerdotes. Despu�s se abri� una grieta en la tierra que engull� las cenizas volvi�ndose a cerrar a continuaci�n. El gobernador Daciano, irritado, llam� de nuevo a Jorge haci�ndole toda clase de reproches y amenazas.

La esposa de Daciano, de nombre Alejandra, viendo a su esposo tan irritado, le dijo que era cruel y que dejara de perseguir a los cristianos, y que ella misma deseaba hacerse cristiana.

Daciano orden� que colgaran a su esposa por los cabellos y que la azotaran hasta que muriera. Alejandra manifest� a Jorge su temor de morir sin haber sido bautizada. Jorge le respondi� que la sangre que estaba derramando al ser azotada ten�a el mismo valor que el bautismo.

Daciano conden� a Jorge a ser arrastrado por la ciudad de Lydda, hoy Lod, en Israel, no lejos de Jerusal�n, hasta el lugar donde hab�a de ser decapitado. Al d�a siguiente se ejecut� la sentencia. Antes de morir, Jorge rog� al Se�or que escuchara a los que se dirigieran a �l a trav�s de su intercesi�n. Era el 23 de abril del a�o 303 en la citada ciudad de Lydda.

Adem�s de las noticias que, aunque ap�crifos, aportan los textos, han quedado vestigios de estos hechos. Vestigios que exponemos a continuaci�n.

En Lydda, hoy Lod, como ya hemos dicho, se construy� un templo en su honor en tiempos del emperador Constantino que accedi� al poder en el 312, nueve a�os despu�s de la muerte de Jorge. De haber visitado este templo dan noticia peregrinos como el obispo Arkuf.

En Silca, ciudad de Libia ( en el norte de �frica) se construy� otro templo en honor de la Virgen y de S. Jorge en donde manaba una fuente cuyas aguas ten�an propiedades curativas.

Se considera que sus restos fueron llevados a Roma reposando en una iglesia de la Ciudad Eterna, en la iglesia de S. Giorgio in Velabro (uno de sus barrios).

Y, por supuesto, fue canonizado en el a�o 494 por el papa Gelasio I.

Pero, tras su muerte, surgi� de inmediato una gran devoci�n a Jorge. El conocimiento de su vida, de sus milagros y de su martirio tuvo una r�pida difusi�n por Palestina. Contribuy� a ello la tolerancia que se tuvo con los cristianos a partir del Edicto de Mil�n dado en el a�o 313 por el emperador Constantino. En el 379, otro emperador, Teodosio, declar� la religi�n cristiana religi�n oficial del Imperio produci�ndose entonces numerosas visitas en peregrinaje desde distintos puntos de Europa hasta Tierra Santa, dado que, adem�s, se hab�a hallado la cruz de Cristo en el a�o 325.

Uno de estos peregrinajes fue realizado por un obispo galo llamado Arkuf quien conoci� la devoci�n que all� se profesaba a Jorge.

En el siglo V, todav�a antes de su canonizaci�n en el 494, este conocimiento de Jorge lleg� al reino franco Merovingio y en el VI, un abad irland�s recogi� y divulg� datos sobre el ya santo aportados por el obispo Arkuf.

En el siglo XI S. Jorge aparece como protector y patr�n de los cruzados de la orden Teutona y del Temple que conquistaron la ciudad de Jerusal�n (1099).

En el siglo XII se extiende este patronazgo a otras �rdenes militares y entre ellas a las hispanas como veremos m�s adelante.

En el XIII, Iacobus Vor�gine ( Santiago de la Vor�gine), que vivi� entre el 1230 y el 1298 y fue arzobispo de G�nova, escribi� en lat�n una obra llamada Legenda Sanctorum y que despu�s se extendi� con el t�tulo de Legenda aurea. En ella recoge la vida de numerosos santos y entre ellos la de S. Jorge, incluyendo el episodio del sometimiento del drag�n. Esta obra tuvo una gran difusi�n e influy� enormemente en que la figura de S. Jorge apareciera con gran frecuencia en la literatura y en el arte figurativo ( pintura, escultura, tapices, etc.) de la Europa occidental.

En los siglos XIV y XV se extendi� a�n m�s el conocimiento y la devoci�n de S. Jorge gracias a la difusi�n que del santo realizaron las �rdenes militares. Fue la �poca en que se adopt� como patr�n en numerosos pueblos y ciudades y tambi�n por muchas casas nobles.

Tambi�n fue considerado protector de algunos animales dom�sticos y era invocado igualmente contra las mordeduras de serpientes venenosas, en las enfermedades de la piel, lepra, herpes, etc.

Y en esta �poca se divulg� la llamada cruz de S. Jorge, roja, de brazos alargados hasta los extremos, sobre una bandera blanca.

En Espa�a, el conocimiento del santo, y con �l su devoci�n, lleg� a trav�s de Catalu�a cuando pertenec�a a la corona de Arag�n. La tradici�n transmite que S. Jorge prest� ayuda al rey Pedro I de Arag�n en una batalla contra los musulmanes en el a�o 1094. En agradecimiento, el rey lo nombr� patr�n de la caballer�a y de la nobleza e incluy� su cruz en el escudo de Catalu�a. Aqu� se generaliz� la devoci�n al santo y se instituy� la fiesta en su honor, hoy tan arraigada, ya en el siglo XV. Se considera que la rosa roja que se regala a la enamorada el d�a 23 de abril es un s�mbolo de protecci�n como lo fue S. Jorge de la muchacha expuesta al drag�n.

S. Jorge es tambi�n el patron de Arag�n en donde ayud� a los cristianos en la batalla de Alcoraz ( Huesca) en el a�o 1096 por lo que fue incluida su cruz en el escudo igualmente.

Seg�n el propio rey Jaime I el Conquistador, S. Jorge apareci� ayud�ndole en la conquista de Valencia y de Mallorca.

Los caballeros de Arag�n y de Navarra, que fueron integrantes en gran n�mero de las �rdenes militares por toda Espa�a, extendieron su devoci�n por Castilla. S. Jorge hab�a sido declarado protector de la orden del Temple, pero, posteriormente, lo fue de la de Calatrava, cuya cruz est� formada sobre la de S. Jorge adornada con flores de lis. No es nada extra�o, pues, que la devoci�n al santo llegara a nuestras tierras de Calatrava y, por tanto, a nuestro pueblo y, seguramente, desde muy antiguo de modo que es perfectamente l�gico que la iglesia de nuestro pueblo adoptara la advocaci�n de S. Jorge.

Ya hemos visto c�mo su conocimiento lleg� a Europa a partir de las peregrinaciones a Tierra Santa y como consecuencia de las cruzadas organizadas para recuperar para la cristiandad el dominio sobre los Santos Lugares.

En Europa son numeros�simos los templos con la advocaci�n de S. Jorge, numeros�simos los pueblos que lo tienen como patr�n e incluso los que llevan su nombre. Much�simas son las personas que llevan su nombre en todo el mundo e important�sima ha sido su influencia en el arte pict�rico y escult�rico.

En Alemania, un poeta del siglo IX escribi� un poema-canci�n que cuenta el martirio del santo. All� se lleg� a exponer un brazo cercenado y un cr�neo atribuidos a �ste.

Grecia lo tiene como patr�n. Much�simos de sus pueblos llevan el nombre de S. Giorgios.

Georgia adopt� su nombre.

En las Islas Brit�nicas, el rey Eduardo II lo nombr� patr�n de la orden de Farratera que �l fund� y posteriormente lo hizo patr�n de Inglaterra.

En Rusia es un santo principal y su cruz aparece en el escudo.

En Portugal lo tienen como patr�n. Su veneraci�n en este pa�s fue tra�da por los ingleses cuando ayudaron a los portugueses en la reconquista de Lisboa. Despu�s Portugal lo llev� a Brasil y a sus colonias de �frica y Asia.

En Estados Unidos, la devoci�n a S. Jorge es intensa como lo demuestra la elevada cantidad de ciudadanos que llevan su nombre.

Tambi�n lo tienen como protector y patr�n muchas sociedades y asociaciones de hoy, especialmente las que desempe�an actividades que acarrean alg�n riesgo como, por ejemplo, los monta�eros y los boys skaws.

Y lo tenemos nosotros, los aldeanos, y desde hace siglos. En �l hemos tenido confianza siempre, lo hemos invocado para que atienda nuestras necesidades. Hermanos de S. Jorge, � Cu�ntos han sido? Seguiremos teniendo esa confianza, de modo que hoy de nuevo te invocamos, S. Jorge, para que protejas a tu pueblo de los dragones o de las desgracias que puedan venir a perturbarlo. Haz tambi�n que los aldeanos seamos justos y cordiales y que te correspondamos.

Que as� sea.

Sed cordiales, aldeanos, y ��FELICES FIESTAS!!



       
AURELIANO NARANJO CIUDAD.