Logo San Jorge   HERMANDAD DE SAN JORGE M�RTIR
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  Aldea del Rey (Ciudad Real)
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  Pedro Morena Villanueva.

 


      29 de Abril de 2011

PREG�N DE FIESTAS DE SAN JORGE 2011.
Buenas noches a todos, queridos paisanos, naturales y descendientes todos de Aldea del Rey.

Autoridades Locales, Directiva de la Hermandad de San Jorge M�rtir, Sr. P�rroco, Hermanos y dem�s vecinos de Aldea del Rey.

Queridos Donato y Luis, muchas gracias por vuestras amables palabras.

Es mi deber empezar este preg�n agradeciendo a los �rganos Directores de la Hermandad de San Jorge M�rtir que me haya distinguido con el honor de ensalzar la festividad de nuestro Patr�n.

Para m� es una gran satisfacci�n haber sido elegido por la Junta Directiva de la Hermandad de San Jorge M�rtir para realizar y transmitir el preg�n de apertura en la celebraci�n de nuestro Patr�n, el Patr�n de nuestra Aldea del Rey, San Jorge M�rtir, ante lo cual debo mostrar mi mayor gratitud.

Quiero expresar y mostrar mi agradecimiento a todas las personas que me han animado, que me han ayudado y que lo han hecho posible.

Tengo que reconocer que es un orgullo pregonar estas fiestas porque no son muchas las veces en que se presenta la oportunidad de manifestar p�blicamente lo que uno siente por su pueblo y de elogiar sus excelencias.

As�, debo demostrar mi reconocimiento para todos cuantos colabor�is, en esta fiesta tan importante, poniendo vuestro esfuerzo y la mejor voluntad en su celebraci�n.

Igualmente quiero daros las gracias a todos los Hermanos y Hermanas, as� como al resto de Aldeanos y Aldeanas que, un ano m�s, acud�s a esta cita con nuestro Patr�n y a este acto de apertura o preg�n de sus festejos.

No quiero cansaros con una descripci�n de mi �rbol geneal�gico o con la historia de mi vida ya que muchos de vosotros me conoc�is, y el resto pronto sabr�is quien soy, pues vuestros amigos y companeros de mesa pronto os lo aclarar�n.

Mi nombre es Pedro Morena Villanueva, con treinta y cinco anos, soy Abogado y pequeno empresario.

Soy hijo de Pedro y de C�ndida, el mayor de 4 hermanos, nieto de Anastasio y Carmen, de Ram�n y de Justa, con mujer, Mar�a, y un hijo, de dos anos, Adri�n, tambi�n miembro de la Hermandad.

Soy Madrileno de nacimiento, Alcala�no de adopci�n, y Aldeano, de sentimiento y de coraz�n.

Por mi oficio, tengo que reconocer que trabajo con las palabras, hablando y expres�ndome ante p�blico, pero tambi�n tengo que reconocer que ese p�blico nunca ha sido tan numeroso como el de hoy.

Y lo que a primera vista pudiera parecer que me hace m�s sencilla la tarea que me ha sido encomendada, creedme si os digo que cualquier experiencia se vuelve torpeza e inseguridad, cuando uno tiene que hablar ante su gente, a la que conoce de toda la vida, a los que aprecia, quienes esperan este momento con gran ilusi�n, y ante quienes uno quiere dar y dejar lo mejor de s�.

Por ello os pido de antemano perd�n por las trampas y malas jugadas que los nervios estoy seguro me van a hacer pasar.

Quisiera comenzar explicando que a pesar de no visitar esta localidad, sus tierras y sus parajes con toda la frecuencia que en m� es deseo, muchos son los lazos, familiares, personales, afectivos y sentimentales, que a ella me unen y que hacen que no me olvide nunca de ella y que no pase un d�a en el cual no me acuerde de mi pueblo y no recuerde hechos y momentos, buenos, la mayor�a, y malos, los menos, aqu� pasados.

No vivir en Aldea no significa no estar unido a sus calles, a sus gentes, a sus aires y a sus campos.

Muy al contrario, no estar en el lugar que uno, como es mi caso, considera de su procedencia, considera sus ra�ces, hace aflorar en mi la anoranza por el pueblo, y hace nacer el deseo de venir a �l el mayor n�mero de veces posible, si bien no pueden ser tantas como todos los que no vivimos aqu� desear�amos puesto que los compromisos, personales y profesionales, no nos permiten que as� sea.

Y debo reconocer que estando fuera de la Aldea, y eso es algo que he aprendido de mis padres, parece como si a este pueblo, a esta tierras, se las quisiera m�s.

Es en fechas tan senaladas como �sta, en la celebraci�n de la festividad de nuestro Santo Patr�n, San Jorge M�rtir, cuando a pesar de los compromisos y deberes contra�dos, volvemos raudos y veloces, con gran alegr�a y alborozo, a la tierra que nos ha visto, en mayor o menor medida, crecer y correr por sus calles.

Por otra parte, y honestamente os lo digo, que yo no puedo, ni siquiera lo pretendo, con este preg�n igualar los magn�ficos discursos de los excelentes pregoneros que me han precedido en anos anteriores en este acto.

Yo no soy ni poeta, ni literato, ni un experto en la historia de nuestro pueblo, ni siquiera una persona ingeniosa o con gracia.

Considero que mi �nico m�rito para encontrarme aqu�, frente a todos vosotros. es ser, aunque no directamente, un aldeano, como tantos otros, que quiere su pueblo, sus tradiciones, a sus gentes� y tiene voluntad de contarlo.

Nos encontramos a finales del mes de Abril, mes que tiene para los presentes y para muchos ausentes, especial trascendencia por la celebraci�n de esta festividad de San Jorge.

Llega la primavera, que se abre paso con fuerza e iniciamos un nuevo ciclo, y sentimos el impulso vital que como savia nueva recorre nuestras venas.

San Jorge es una fiesta primaveral, de alegr�a personal y de alegr�a compartida, que nos hace disfrutar a todos un mismo espacio, cuanto todos nos sentimos amigos, entre conocidos y desconocidos, por encima de pequenas o grandes diferencias, tanto de criterio, pol�ticas o de competencia.

Creo que como a todos los presentes, desde la �ltima festividad de San Jorge, el ano se me ha ido en un soplo, pues cada vez m�s, el tiempo parece que se comprime y vuela, pasando cada ano m�s y m�s r�pido.

Nos ha tocado vivir un tiempo acelerado, un tiempo de cambios m�ltiples, nuestra sociedad se ha vuelto m�s compleja y global, donde cualquier acontecimiento que sucede a miles de kil�metros, lo sentimos como propio y nos afecta.

Frente a esta globalizaci�n, frente al todo de todos o todo por todos, debemos contraponer nuestras ra�ces, nuestros or�genes, nuestro ser, de donde venimos, y tenemos la obligaci�n de respetar nuestra singularidad y nuestra originalidad.

Nuestras ra�ces nos deben ayudar, nos deben conducir hacia el descubrimiento, o redescubrimiento, que en muchas ocasiones tenemos olvidado, de lo propio.

Nuestras ra�ces nos deben guiar para encontrar y desarrollar el sentimiento de que formamos parte de algo, as� como a disfrutar de nuestras tradiciones y fiestas m�s populares, especialmente �sta, en honor de nuestro Santo Patr�n.

Nuestro San Jorge M�rtir, que lleva siglos siendo testigo silencioso de la Historia de Aldea, historia compuesta por la uni�n de las vivencias de cada uno de nosotros.

San Jorge nos da la bienvenida al pueblo, en general, a los aqu� nacidos y que aqu� viven, poco tiempo despu�s de nacer, normalmente con el bautismo en la Iglesia, y tambi�n a los que aqu� venimos, nada m�s entrar en sus calles, pues la mayor�a de nosotros lo hacemos por la v�a a �l dedicada, para ir a toparnos, con la templo a �l consagrado.

A la totalidad de nosotros, aldeanos todos, y sin que apenas nos demos cuenta, San Jorge nos va acompanando en los momentos m�s importantes de nuestra vida, sea en la tierna infancia, cuando tomamos nuestra Primera Comuni�n, m�s adelante en la juventud, cuando decidimos confirmar nuestra fe o cuando nos unimos al companero o companera que hemos elegido, as� como en el triste momento de dejar a nuestros seres queridos, dando ante �l nuestro �ltimo adi�s en presencia de toda la comunidad aldeana.

Siempre est� ah�, en nuestros pensamientos, solicitando todos su generosidad e invocando su protecci�n en los momentos de mayor apuro.

No se me ocurre mejor manera de honrarle, que inculcar a nuestros hijos las costumbres y tradiciones de la Aldea, y muy en especial la devoci�n por �l.

Igualmente debemos transmitir a nuestros hijos que entre todos los Aldeanos y Aldeanas, y bajo la protecci�n y con la ayuda de nuestro Patr�n, se ha ido, se va y se ir� construyendo la pequena historia de nuestro pueblo, y ello no sin gran trabajo y esfuerzo.

Todos, mayores y pequenos, antes o despu�s, hemos disfrutado de nuestra infancia y juventud con la tranquilidad que permiten los pueblos pequenos, donde todo el mundo se conoce y los ninos pueden ir andando libremente por cualquier lugar sin temores ni miedos.

En este pueblo todos tenemos grandes amigos, tanto gente de aqu� como gente que ven�a de otros lugares, amigos que vinieron y vienen de fuera, y que, con el paso del tiempo, perduran en esta tierra y en ella se quedan para siempre.

El pueblo se convierte en un refugio, es donde est� tu familia, tu hogar, es el encuentro con los amigos, es disfrutar de la vida.

No deja de asombrarme cada vez que vengo a visitar mi pueblo la alegr�a que me da ir viniendo desde Madrid, llegando a Ciudad Real, acerc�ndome a estas tierras y apareciendo, por fin, el nombre de nuestro pueblo en la carretera, albergando una gran emoci�n al atisbar la pequena estatua blanca, manchita desde la distancia, el Sagrado Coraz�n de Jes�s que corona el campanario de la Iglesia dedicada a nuestro San Jorge.

Esa torre de la Iglesia, el campanario, es la senal de que ya estamos en casa, convirti�ndose en la primera vecina que nos saluda cuando volvemos, y convirti�ndose tambi�n en la �ltima en decirnos hasta pronto cuando, con todo el dolor del alma y la pena de nuestro coraz�n, debemos marchar de la Aldea a nuestro quehaceres habituales.

En estas fechas, en los inicios de la primavera, toda la Aldea, engalanada por la alegr�a de la celebraci�n de San Jorge, invita a propios y extranos, a oriundos y for�neos, a sumarnos a esta fiesta, celebrada en cada ocasi�n con igual o mayor intensidad que el ano anterior.

Con sinceridad, y con todo carino, creo que la mayor�a de nosotros, entre los cuales me incluyo, no tenemos mucha idea de lo que se conmemora realmente en la festividad de San Jorge, pero en estos d�as hace tanto bien al esp�ritu y a los �nimos de los Aldeanos un poco de diversi�n, que no considero sea necesario buscar en este caso ninguna justificaci�n para celebrar estas fechas, m�xime atendiendo a los momentos tan delicados que todos vivimos.

Debemos tener en cuenta que San Jorge encarna unos valores que hacen grandes a los hombres, tales como son la valent�a, la entrega, la lucha por la justicia, la nobleza, la piedad y el coraje f�sico y moral.

La vida y leyenda de San Jorge ya ha sido suficientemente detallada por grandes historiadores, as� como por los magn�ficos pregoneros que me han precedido en anos anteriores, quienes han soberbiamente explicado de donde viene su fama de m�rtir y santo, si bien estimo deb�is permitirme que haga unas breves resenas sobre nuestro Patr�n, cuya vida y milagros han llegado hasta nuestros d�as bas�ndose en leyendas y tradiciones que han pasado de boca en boca a lo largo de los siglos.

Jorge, cuando todav�a no era Santo, all� por el siglo II y III DC, viv�a al otro lado del mar Mediterr�neo, seg�n unas fuentes en la Capadocia, en la actual Turqu�a, mientras que otros autores ubican su nacimiento en Lydda, en Palestina, en la tierra de Jes�s.

Muerto seg�n las cr�nicas en el ano 303, fue en el ano 494 cuando San Jorge fue canonizado, fue declarado santo, por el Papa Gelasio I, si bien ante la escasez de noticias sobre su vida y su existencia, fue encuadrado dentro de un grupo de santos cuyos nombres, y cito literalmente al santo padre "son justamente reverenciados, pero cuyos actos s�lo son conocidos por Dios", contribuy�ndose con esta calificaci�n a la creaci�n de muy diversas y muy variadas historias, todas ella ap�crifas, sobre su vida y milagros.

Seg�n parece, la tradici�n familiar y las circunstancias del momento, la situaci�n de la �poca en la que vivi�, le hicieron enrolarse en el ej�rcito romano, si bien pronto su carisma y valent�a le convirtieron en miembro de la guardia personal de Emperador Romano Diocleciano, quien dedicaba por aquel entonces parte de sus esfuerzos a perseguir a los cristianos.

Cuando las �rdenes del emperador entraron en conflicto con sus propias creencias, pues hab�a sido educado en la fe cristiana, se neg� a cumplirlas, lo que le supuso el martirio y finalmente le cost� la vida, falleciendo un d�a que actualmente coincide en nuestro calendario con el vig�simo tercer d�a del cuarto mes del ano.

En cuanto al famoso Drag�n matado por San Jorge, cuenta la leyenda, siendo eso, una f�bula, un mito o un cuento, que, exist�a una ciudad del Oriente atemorizada por un drag�n que ten�a su nido o guarida en la fuente de la que el pueblo deb�a abastecerse.

Para poder acceder al agua, se ve�an obligados a apartar al monstruo. No se les ocurri� otra forma de hacerlo que sacrificar cada d�a a uno de los habitantes, que resultaba elegido en un sorteo.

Un d�a la mala fortuna recay� en la hija del Rey. Cuando la joven estaba a punto de ser devorada apareci� San Jorge en su blanco corcel, de camino en uno de sus viajes, enfrent�ndose al drag�n y lo mat�, liberando al pueblo del terror al que estaba sometido.

Esta hazana hizo que los ciudadanos, agradecidos, y tras escuchar las pr�dicas y la evangelizaci�n de San Jorge, se convirtieran masivamente al cristianismo.

Debemos tener en cuenta y no olvidar que tratamos de una leyenda, y que el drag�n representa el miedo, la tentaci�n, el pecado, la cobard�a ante la injusticia, la tiran�a, la maldad, etc, todo aquello que va en contra del hombre, y por lo que hay que estar en constante lucha.

La historia de San Jorge es la historia de un hombre, que siendo humano se troc� en Santo, habi�ndose convertido en una figura religiosa que ha sido y en la actualidad sigue siendo venerada en las tres grandes religiones monote�stas, juda�smo, cristianismo e Islam.

Conocer su figura y su simbolog�a puede servirnos de inspiraci�n a la hora de afrontar los retos y las dificultades a las que debemos enfrentarnos en el d�a a d�a, sea en las cuestiones m�s trascendentales sea ante las mayores nimiedades.

En Europa, el apogeo de su culto tuvo lugar a partir de la Alta Edad Media, en la �poca de las Cruzadas y de las Ordenes Religioso-Militares, siendo designado protector de los cruzados, denominado "soldado de Cristo", y convirti�ndose en patr�n de los caballeros, soldados y de algunas �rdenes religiosas-militares, siendo �ste muy probablemente, y con las derivaciones y modificaciones pertinentes operadas por el tiempo, el origen de patronazgo de San Jorge sobre Aldea del Rey, localidad en la que por todos es conocida la relaci�n con una de esas �rdenes religioso-militares como era y es la Orden de Calatrava.

San Jorge m�rtir, adem�s de Aldea del Rey y de tantos y tantos municipios espanoles, es el Patrono de lugares tan dispares como Rusia, Inglaterra, de la Rep�blica de Georgia, de Portugal, de Malta, la isla de la Orden Templaria por excelencia, en su �poca, de la Corona de Arag�n, compuesta por la actual Arag�n, Cataluna, Valencia y Baleares, de la ciudad de C�ceres, a la vez que es venerado en lugares tan distintos y alejados como Francia, Grecia, Alemania, Lituania, Servia, Polonia, Etiop�a, Brasil o M�xico, y en las ciudades de G�nova, Mosc�, Calabria o Alcoy, entre otras, lugares todos ellos en los que como aqu� en la Aldea existe una gran devoci�n hacia �l y donde estamos todos convencidos de su gran poder de intercesi�n en favor de los que lo invocan.

As� pues, debemos reconocer que Aldea del Rey, como muchos otros lugares en el mundo, tiene un Patr�n con carisma que se merece que lo agasajemos, no solo ano tras anos, sino los trescientos sesenta y cinco d�as del ano, con una gran demostraci�n de j�bilo, y en especial con esta gran fiesta de San Jorge.

Tambi�n tenemos que reconocer en �San Jorge� una explosi�n de emociones para todos, ya que principalmente es el reencuentro con los amigos de siempre, siendo tambi�n el momento de ampliar su c�rculo.

San Jorge es tambi�n la nostalgia por los que no est�n y la felicidad por los nuevos que llegan.

San Jorge es la ilusi�n de compartir un ano m�s... Es el sentimiento de ser de la Aldea.

Y aunque el �San Jorge� Festivo es lo m�s popular, no podemos olvidarnos del �San Jorge� Religioso, que tiene como acto culminante la celebraci�n de la Solemne Misa para honrar a nuestro patr�n.

En esta parte de la fiesta, creo que ano tras ano se ha ido recuperado el af�n de todos por engrandecer la misma, otorgando tanto a la procesi�n como a la funci�n religiosa de la Liturgia en Honor del Patr�n que se celebra en la iglesia, toda la solemnidad y toda la importancia que tiene y que se merece, y aunque creo que San Jorge merece m�s compan�a en su celebraci�n que la que normalmente tiene, seguro que todos reflexionaremos y poco a poco iremos enmendando nuestra actitud.

Seguro estoy de que nuestro querido Patr�n no cabe en si de gozo ante los d�as de celebraci�n que en su honor vamos a celebrar, teniendo �ste reservado en su coraz�n un sitio para todos y cada uno de nosotros.

En el mismo sentido os pido que cada uno de vosotros teng�is siempre reservado un sitio en vuestro coraz�n para San Jorge, a qui�n no le importar� estar acompanado por Nuestro Padre Jes�s Nazareno, ni por el Sant�simo Cristo del Consuelo, y menos a�n por la Sant�sima Virgen del Valle, ni por cualesquiera otros Santos o Creencias a los cuales los aqu� presentes teng�is devoci�n.

De Todos ellos, y en especial de nuestro San Jorge, debemos hacer nuestras sus virtudes, y debemos encomendarnos a Ellos, que nunca nos fallar�n, ante cualquier dificultad, puesto que estemos donde estemos y sea la fecha que sea, San Jorge siempre nos acompanar�, sinti�ndonos siempre orgullosos de nuestros or�genes, de nuestra Aldea del Rey.

Quisiera terminar dando nuevamente gracias a nuestro reverenciado Patr�n por haberme concedido el honor no merecido de estar hoy aqu�, por haberme permitido expresar lo que significas para m� y lo que creo supone tu fiesta en nuestras vidas.

Igualmente quiero nuevamente reiterar mi gratitud tanto a la Junta Directiva de la Hermandad de San Jorge M�rtir, y en especial a d. Emiliano Pardo, nuestro Hermano Mayor, como a todos los Hermanos componedores de la misma.

En cualquier caso, me gustar�a dedicar un momento a pensar en los amigos y familiares que, por encontrarse lejos, por trabajo, por estudios o por cualquier otro motivo, no han podido venir al pueblo.

Os pedir�a que aunque solo sean tres minutos, y no tiene que ser en este preciso momento, les llam�is, que seguro que les har� mucha ilusi�n que os acord�is de ellos en estos d�as.

Y por �ltimo, solo me queda indicaros que, siendo amables y respetuosos con todos los paisanos y visitantes que hay en la Aldea en estos d�as, las �nicas obligaciones que entiendo tenemos son, por un lado, Honrar a nuestro patr�n, y por otro, divertirnos.

No puedo marcharme sin pedirle a San Jorge, petici�n que invito a todos los presentes a hacer suya, que contin�e su protecci�n sobre todos y cada uno de nosotros, que nos anime y nos aliente para que nuestro pueblo siga siendo grande por su buena gente, rog�ndole para que gu�e nuestros hijos y a la gente joven, que ser�n el pueblo del manana y que ser�n nuestro futuro.

Muchas gracias a todos por vuestra atenci�n, y no me queda m�s que decir que ojal� podamos seguir vi�ndonos y celebrar a nuestro Patr�n por muchos anos m�s.

Que San Jorge nos proteja a todos, y que todos seamos felices.

Viva Aldea del Rey, y Viva San Jorge.

Gracias.



     
PEDRO MORENA VILLANUEVA.